«Una planta de celulosa no es solo una industria, es un programa de transformación nacional»

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Andrés de Fuentes, directivo y representante de CSI Latam (CSI Global), de Uruguay
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El desarrollo de la cadena forestal puede llevar a Paraguay hacia una nueva etapa de industrialización, pero ese proceso requiere preparar desde ahora las condiciones de infraestructura, logística, energía y capital humano necesarias para acompañar inversiones de gran escala.

El planteamiento fue realizado por Andrés de Fuentes, directivo y representante de CSI Latam (CSI Global), de Uruguay, durante su disertación sobre tecnología industrial y competitividad en la 6.ª edición de Expo Madera Paraguay 2026. En su exposición, sostuvo que una eventual planta de celulosa debe ser entendida más allá de sus límites físicos y productivos, por el impacto que genera sobre distintos sectores de la economía.

Una transformación nacional

“Una planta de celulosa no es solo un proyecto industrial, es un programa de transformación nacional”, señaló De Fuentes al explicar que este tipo de emprendimientos representa una evolución natural de la cadena de valor forestal y puede generar efectos sobre infraestructura, transporte, energía, servicios, empleo y desarrollo territorial.

Como referencia, recordó el proceso desarrollado por Uruguay a partir de la promulgación de su Ley Forestal en 1987. Unos 20 años después comenzó a operar la primera planta de celulosa, mientras que actualmente el país cuenta con alrededor de 1,2 millones de hectáreas plantadas y tres plantas de celulosa.

Paraguay, según explicó, atraviesa un camino similar, aunque en un plazo considerablemente más rápido. Por ello, consideró necesario anticipar las condiciones que permitirán acompañar ese crecimiento y generar certidumbre para las inversiones de gran escala.

Uruguay como referencia

De Fuentes presentó la evolución de las tres plantas instaladas en Uruguay. La primera, inaugurada en 2007, alcanzó una capacidad de producción de 1,1 millones de toneladas anuales y demandó una inversión de US$ 1.200 millones.

La segunda comenzó a operar en 2014, con una capacidad de 1,3 millones de toneladas anuales y una inversión de US$ 2.500 millones. La tercera, puesta en funcionamiento en 2023, elevó la escala a 2,1 millones de toneladas anuales, con una inversión de US$ 3.470 millones.

El punto central, según el expositor, es que estos proyectos no se limitaron a la construcción y operación de las plantas, sino que exigieron una serie de obras y servicios complementarios para hacer viable toda la cadena.

Infraestructura para acompañar

Entre los principales impactos mencionó la reconstrucción del sistema ferroviario uruguayo, que llevaba casi un siglo sin utilizarse bajo estándares adecuados, con el objetivo de garantizar una logística competitiva para trasladar la producción hasta los puertos.

También fue necesario desarrollar terminales portuarias especializadas, incorporar sistemas automatizados de manipulación, realizar obras de dragado para permitir el ingreso de embarcaciones de mayor calado y fortalecer los corredores viales vinculados con las zonas forestales y logísticas.

En materia de transporte terrestre, destacó la incorporación progresiva de bitrenes y, actualmente, tritrenes para mejorar la eficiencia del traslado de madera. A esto se sumaron necesidades vinculadas con la disponibilidad de energía, capacidad firme, redes de transmisión y puntos de conexión.

El desarrollo también tuvo efectos sobre otros servicios, como zonas francas, saneamiento de localidades cercanas a las áreas industriales y forestales, además de centros educativos y servicios para las comunidades involucradas.

Cinco pilares estratégicos

A partir de la experiencia uruguaya, De Fuentes planteó cinco pilares que Paraguay debería considerar para atraer y acompañar inversiones industriales de gran escala.

El primero es la energía, con una red de transmisión adecuada, capacidad firme disponible, contratos previsibles y condiciones claramente definidas.

El segundo corresponde a la logística terrestre, portuaria y fluvial, con rutas capaces de movilizar la materia prima y la producción a costos competitivos, además de sistemas de transporte de mayor capacidad, navegación fluvial, dragado y puertos previsibles.

El tercer pilar es el capital humano. La formación de trabajadores debe anticiparse a la llegada de los proyectos, mediante capacidades desarrolladas localmente en los niveles universitario, técnico y de posgrado, tanto para la etapa de construcción como para la operación.

El cuarto está relacionado con los modelos de contratación, particularmente las modalidades EPC y EPCM, que determinan la distribución de riesgos, la participación de empresas locales y la capacidad de retener conocimiento dentro del país.

El quinto es la adaptación local de la tecnología. Las soluciones internacionales deben adecuarse a las condiciones del país, incluyendo normas, clima, suelos, hidrología, capacidad de los contratistas, transporte de cargas especiales y relación con las comunidades.

Impacto más allá del sector

La experiencia uruguaya también muestra la dimensión económica y social que puede alcanzar el desarrollo forestal industrial. El país cuenta actualmente con 1,16 millones de hectáreas plantadas y, en 2024, la actividad forestal se convirtió en su principal producto de exportación, con US$ 2.500 millones.

De acuerdo con las cifras presentadas, cada planta de celulosa genera un salto estimado de entre 3% y 4% del Producto Interno Bruto. El sector también genera unos 45.000 empleos, de los cuales el 97% está asociado a micro y pequeñas empresas. En el ámbito energético, la biomasa proveniente de las plantas de celulosa representa el 14% de la capacidad de producción eléctrica de Uruguay.

Preparar capacidades locales

En este proceso, De Fuentes destacó además la importancia de desarrollar una cadena de proveedores capaz de responder a las exigencias de los grandes proyectos industriales. La llegada de inversiones de esta magnitud puede elevar los estándares de servicios y producción y, al mismo tiempo, fortalecer a las empresas nacionales.

En el caso de CSI, señaló que la compañía cuenta con más de 45 años de trayectoria, más de 4.000 proyectos ejecutados en más de 40 países y presencia de más de 20 años en Paraguay. Su experiencia vinculada a la cadena forestal incluye viveros, estudios de corredores logísticos, transporte mediante bitrenes y tritrenes, transporte fluvial, terminales portuarias, acopios forestales e ingeniería para plantas industriales, además de trabajos de optimización de operaciones.

Para el expositor, el desafío consiste en que el sector público y el privado trabajen de manera conjunta para generar las condiciones necesarias, en lugar de esperar a que cada parte actúe por separado.

“El desarrollo industrial va a llegar a Paraguay porque es el paso siguiente y razonable del desarrollo forestal. Es una cuestión de tiempo y va a ser más rápido de lo que parece”, afirmó. A su criterio, el objetivo es que las grandes inversiones encuentren en el país infraestructura adecuada, capacidades locales y un horizonte de previsibilidad que permita sostener su desarrollo

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